El Museo de Arte Precolombino e Indígena (MAPI) es realmente una belleza.
El edificio fue construido por Emilio Reus entre 1883 y 1888 para alojar un establecimiento médico aunque fue sede del Ministerio de Fomento y de Defensa después. Luego durante dos décadas permaneció cerrado hasta su restauración entre el 2000 y 2011. Es Monumento Histórico Nacional desde 1986 “por ser testimonio de la arquitectura ecléctico-historicista –con fuerte influencia italiana– y de la tecnología constructiva propia de su época”, según las autoridades de entonces.
En tres niveles en torno a un patio central con una gran claraboya, cada detalle del interior es magnífico, desde sus escaleras, trabajo en hierro, mampostería. Se realizó una impresionante refacción que conserva ese divino espacio.
Se puede apreciar una fabulosa muestra permanente de piezas arqueológicas y etnográficas de las diferentes culturas originarias americanas, donde se reflejan las etnias de las regiones mesoamericana, amazónica, andina y la cuenca del Río de la Plata.
El café-restó tiene una propuesta gastronómica y artística sublime. Tienen que ir hasta Ciudad Vieja a recorrer este recinto museístico, que también tiene muy buenas exposiciones temporales, y hacerse el tiempo para un brunch en el café, o averiguar porque siempre hay charlas, conferencias, música, debates y encuentros muy interesantes.

Para los chicos, lo divertido es el área dedicada a la arqueología interactiva donde pueden ser excavadores en tiempo real y hasta analizar en laboratorio los objetos encontrados.
Otro fuerte es la muestra de instrumentos musicales como flautas, tambores, trompetas, maracas, de distintas épocas y orígenes, desde indígena a afroamericana.
Soñado lugar que despierta todos los sentidos.




