Victoria Rodríguez recibió a The Magazine by Casas y + en su “refugio”, tal cual se refiere a su casa. Entre sus pinturas de arte sacrosanto, su universo de mujeres, y tantas otras, habla sobre el impacto digital en los mediostradicionales, sobre sus múltiples facetas como comunicadora, actriz y artista visual, así como de su rol de madre. Cuando le hablan de éxito, responde: ¿Definamos éxito?
– ¿El mundo digital va a ocupar el lugar de los medios tradicionales o van a convivir?
– Ya se han pronunciado varios especialistas en este tema y ninguno se ha atrevido a darle el pésame a los medios tradicionales aún. El mundo digital e internet lejos de ser una tendencia se han consolidado. El gran desafío de los medios tradicionales es subirse a la era digital, diversificando además de sus contenidos, su estética y sus códigos de comunicación. Los contenidos locales serán los menos. Pero no perecerán. Porque más allá de la globalización, la identidad local, la cultura y el microuniverso de cada pueblo es un bien a preservar. Los pronósticos a mediano plazo coinciden en que lo digital y lo tradicional van a convivir por un tiempo más. Pero no será un matrimonio que dure para toda la vida.

– ¿Es difícil para la actriz uruguaya lograr un papel protagónico en una obra y tener éxito?
– No sería justo hablar desde mi experiencia. No refleja la realidad de la gran mayoría, porque hasta mi propio debut en teatro fue de la mano de un papel co-protagónico (Juana de Ibarbourou). Y después le siguieron protagónicos de grandes clásicos del teatro universal (Blanche Dubois en Un Tranvía llamado Deseo, Nora en Casa de Muñecas, entre otros).Tuve muchísima suerte. Y estuve en manos de los mejores directores. Lo que sí puedo decirte hoy, y desde hace rato, es que no busco protagónicos. Lo único que me motiva es obtener papeles que me generen el desafío de seguir aprendiendo, e historias que salgan de lo predecible. Así fue la experiencia de la última obra en la que participé Toda Mi Vida me Gustaron las Matemáticas de Stefanie Neukirch, en el Teatro Solís. Y creo que lo más difícil para los artistas hoy es justamente eso, dar con obras que supongan desafíos interesantes. Por eso es que cada vez más, los actores/actrices se “autogestionan” su carrera buscando autores, dramaturgos e historias que los motiven. Mucho más que buscar protagonismos efímeros.
– ¿Cómo se conjugan roles tan demandantes como conductora de un programa diario, artista y madre? ¿Cuál fue tu receta para lograrlo?
– Bueno, lo de “lograrlo” ¡es relativo! (Se ríe) Todo el mundo puede hacer muchas cosas a la vez, el tema es hacerlas bien. Y en especial, lo de ser buena madre, será algo que se verá al final del camino. Por ahora, vengo haciendo mi mejor esfuerzo en todos los frentes. Y honestamente, supone resignar algunas cosas… horas de sueño por ejemplo. Pero trato de que todas mis decisiones tengan un porqué o un para qué claro. Coherente, al menos, con mis grandes objetivos o prioridades en la vida. Y créeme que no todo es trabajo. Mi universo afectivo es lo más importante.
– Pros y Contras de ser una persona tan pública con un programa diario en televisión.
– La exposición pública, mirada de afuera, puede ser un cuco, un monstruo picador de carne. Y admito que puede serlo. Por momentos. Basta una equivocación, un comentario desafortunado y serás trending topic para los haters. El tema es aprender a lidiar con esas nuevas reglas de juego que impusieron las redes sociales. Y aunque el aprendizaje no termina, se hace cada vez menos pesado. No hay recetas infalibles, pero ser una misma y lo más natural posible da buen resultado. Otro punto importante es aprender a medir qué tanto de tu vida, más allá de lo laboral, estás dispuesta a exponer públicamente. Esas son negociaciones muy personales. Con uno mismo, con tu propio ego y tus intereses comerciales. Pero todo se aprende. En cualquier caso, lo difícil de mi trabajo, lejos de ser la exposición pública en sí misma, es lidiar con los debates políticos a diario.
– ¿Qué sentís cuando llegás a casa?
– Refugio. Supongo que a costa de repetición, el ejercicio de dejar del otro lado de la puerta la toxicidad de algunos temas vinculados al programa de tevé, me sale bastante bien. O de eso me convenzo. Me queda todo en la nuca igual (se ríe a carcajadas). Sufro mucho de dolores en las cervicales. Pero conceptualmente, llegar a mi casa me da refugio. El gran problema es volver a salir. Cada vez siento que me vuelvo más ermitaña. Me cuesta salir de la cueva. Eso sí, mi casa siempre está abierta. Me encanta recibir.
– Es notoria tu pasión por el arte en todas las áreas, incluso la música. ¿Imaginabas el éxito en la pintura?
– ¡No! No te olvides que empecé a pintar como un hobby. En ningún momento imaginé que pasaría a convertirse en una necesidad cotidiana y en el placer inconmensurable que supone sentarse frente a un lienzo en blanco para mí. Mucho menos que habría personas a las que mis pinturas les tocarían el alma o ¡que pagarían por ellas! De todas maneras, definamos éxito. ¿Vivir de la pintura sería “el éxito”? Pues estoy muy lejos de eso. Pero disfruto de un éxito de otra naturaleza, más intangible si se quiere, y es el saber que se empieza a reconocer mi pincelada, mi estilo, mis “miradas”. De a poco, pero va sucediendo. Y es todo un viaje para mí.
Y la música es un camino de encuentro maravilloso con mi hija. Ella sí tiene un talento increíble con la voz. De todas maneras, aprender a tocar un instrumento es algo que recomiendo a todo el mundo. Yo tuve la suerte de tener una Maestra con mayúsculas en el piano, mi abuela. Y mi propio padre en la guitarra. La música es uno de los caminos más directos para elevar el alma.

