Hoy visitamos a Carol Honigsberg @c.honigsberg 

Experta en bienes raíces y siempre trabajando a full, desde inicios de 2020 -pandemia mediante- Carol decidió incursionar también en su gran pasión: la pintura. 

Es que desde muy chica vivió rodeada de arte y como ella misma dice: “algo debe haber quedado en mi ADN”. Su madre se dedicaba a representar artistas de todos los estilos por lo que Carol vivió su infancia entre exposiciones y galerías. “A mi padre también le gustaba mucho la pintura, así como la música clásica, por lo que en la mesa el arte era tema diario”.

José Gurvich fue amigo de sus padres por lo que también había tardes enteras en las que Carol pasaba junto al reconocidísimo artista y su familia, siempre rodeada de esa atmósfera artística. “Hasta me hizo una carita de cerámica para mí que aún guardo”.

También de muy joven pasaba las tardes en el taller de un tío suyo, también artista de la escuela de José Gurvich. 

“Un día, en el inicio de la pandemia, me levanté con ganas de dibujar, algo que siempre me apasionó. Me fui a comprar lápices , acrílicos, pinceles, lienzos y arranqué como si hubiese pintado toda la vida”, cuenta.

La sensación que sintió la llevó a dar un paso más y actualmente se integró al taller de la Fundación Ignacio Iturria y toma clases con Mariana Olaso.

“Siento que el pintar me libera, me da paz y desconecta de todo para conectarme conmigo misma. Me encanta la idea de saber que cuento con esta herramienta para conectarme con lo más profundo y genuino mío y que me deja plasmar lo que llevo dentro”, confiesa. 

“Me entusiasma pensar que mis pinturas estarán adornando y llenando las paredes  de otras familias. Me da mucha felicidad porque de eso se trata, de compartir, aportar y trascender”, finaliza Carol.

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