En la intimidad de su hogar, la psicóloga y filósofa Magdalena Reyes habla sobre la contención que significa la casa y cómo allí uno se saca las máscaras, se refiere al arte y también a su último libro que significó toda una experiencia de retiro.
Magdalena Reyes Puig elige un libro de poemas de Friedrich Nietzsche para recordar que además de filósofo, el reconocido pensador alemán fue un extraordinario poeta. “Dicen que leerlo en alemán es una experiencia sublime”, afirma la filósofa, psicóloga, docente y escritora, junto a la desbordante biblioteca de su casa, en uno de los barrios privados del Este de Canelones.
Con su marido, el arquitecto Federico Armas, fueron casi pioneros en habitar esa zona, en el año 2000 cuando comenzaron a construir su casa que finalizaron en 2013. “La fuimos haciendo en etapas”, cuenta Magdalena Reyes y dice que por momentos fue surrealista. “El Flaco» me propuso hacerla en etapas. En ese momento, yo tenía 20 pico de años, dije: no la terminamos más. Así que le propuse realizar todas las paredes exteriores de lo que hoy es la casa, y luego sí ir construyendo por partes. Entonces entrabas por la puerta principal y en este gran espacio de doble altura que hoy es el living y el comedor, no había techo ni nada, solo las estrellas”, recuerda entre risas.
De acuerdo a la filósofa, la casa es reflejo de su propietario o residente. “Cuando entrás a la casa de una persona, aún sin conocerla, te hacés una idea de quién es. Porque cuando elegís poner algo, desde un mueble a un objeto de decoración, lo hacés desde quien sos, tu gusto, valores, preferencias y costumbres. Sin duda la casa es el reflejo de uno pero lo que me parece fundamental es que uno pueda sentirse reflejado, pueda decir: esto me representa. Es importante que puedas entrar y decir me siento en casa, contenida”.
Explica que cuando se sale a la vida, se encuentran desafíos y estímulos “buenos, malos, y ese volver a casa debe significar retornar a ese lugar donde se siente seguridad y distensión”. “De alguna manera te podés sacar todas esas máscaras tan necesarias para desenvolverte en la vida. Y no lo digo con una connotación negativa. Nos ponemos máscaras todo el tiempo, en el trabajo, en la profesión, en la vida social. Por lo tanto, ese volver a casa es descansar y relajarse de eso”.
Respecto a su casa dice que su marido es el experto. “Yo soy una aficionada. Pero me gusta estar en un lugar en el que me siento bien, en el que estoy rodeada de cosas que me permiten experimentar y sentir la belleza. Con el “Flaco” tenemos buena sinergia, hacemos buen equipo. Tenemos el mismo gusto, muy difícilmente algo que le guste a él, a mi no me guste, y viceversa”.

Refugio y ausencia de rutina
No duda al elegir una habitación de su casa. “En mi cuarto es donde encuentro esa sensación de contención. Me pasó siempre, desde chica cuando vivía con mis padres, y ahora de casada. Siempre encontré en mi dormitorio mi lugar de refugio”, dice, y confiesa que su semana se caracteriza “por la ausencia de rutina”.
“Cada día de la semana es diferente al otro. Tengo el privilegio o la suerte, no sé cómo llamarle, de realizar actividades muy distintas aunque relacionadas a mis profesiones. Tengo mis clases, mis pacientes, una vez cada 15 días la columna en la radio, me llaman para dar una charla, entonces mis días son bastante variados en ese sentido. Lo que sí tengo son ciertas constantes: me levanto a las 6 o 6.30 de la mañana, trato de hacer mis clases de yoga, tengo mi hora diaria de silencio que la necesito para mi trabajo pero que disfruto enormemente. Me tomo una hora, apago el celular y pienso en mi, en mis pacientes, en mis clases. Es una hora que me dedico a mi misma y también a los demás porque creo que tanto mis pacientes como mis alumnos se merecen que yo piense sobre lo que les voy a devolver, a dar, ya sea en una clase o en una sesión de psicoterapia”.
“El arte es sanador”
El arte es esencial en la vida de Magdalena Reyes y las paredes de su casa dan fe de ello. “Dice Nietzsche que la vida sin música sería un error. Podríamos decir que la vida sin arte sería un error. El arte es sanador, es lo máximo y me fascina. Y estoy casada con un artista, con un pintor, además de arquitecto. Toda la casa está llena de sus cuadros”.
Y se refiere a todas las artes, no solo a las plásticas. “El arte es eso que aporta belleza a la vida. Es la creación humana por excelencia a través de la cual los seres humanos podemos dar y quienes no somos artistas recibir belleza”.
Así está bien
El éxito de su libro “Así está bien. En la incertidumbre buscando la felicidad, la filosofía” superó ampliamente todas las expectativas de la escritora. “Nunca pensé que iba a ser tan bien recibido y la experiencia de haberlo escrito fue lo máximo”, afirma Magdalena.
Siempre fue un sueño escribir un libro de filosofía y cuando se lo propusieron desde Penguin Random House, pensó que sería un camino sin dificultades.”Como siempre escribí columnas en diarios, entre otros, pensé que dedicándole sábados y domingos, lo lograría. Y de lunes a viernes seguiría con mis actividades profesionales. Pero no pude.Así que me fui en diciembre de 2020 de retiro, sola, y ahí nació el libro. La verdad que fue divina esa experiencia de haberme retirado a escribir. Me encanta mi trabajo, la docencia, la clínica, estar con mis pacientes, pero espero poder reiterar una vez al año esa experiencia de retiro. Se viene el segundo libro y tengo que encontrar ese momento para irme como Nietzsche a la montaña, salvando las distancias obviamente”.