La familia Ortiz de Taranco dejó un legado arquitectónico en Plaza Zabala, hoy Museo de Artes Decorativas, que hay que visitar sí o sí.
¡Es realmente espectacular! Cuentan los historiadores que la familia, no conforme con los proyectos que les presentaron, encargaron el mismo a los entonces muy prestigiosos franceses Louis Girault y Jules León Chifflot. La residencia palaciega fue culminada en 1910, inspirada por supuesto en la arquitectura francesa del siglo XVIII, convirtiéndose en un testimonio fiel de la “belle epoque”.
¡Todos los materiales para la obra así como el mobiliarios se trajeron de Europa!
El jardín al frente ya es una maravilla; fue planteado como una rotonda magnífica para carruajes y vehículos, actualmente muy bien conservado por el Estado -que lo adquirió en 1943- y que preservó rejas, fuentes, pisos. Es una joyita.
Y si uno traspasa esa fachada afrancesada, se encuentra con pisos de roble estilo los de Versailles, columnas de mármol de Génova, divinos vitrales, y mucho más para descubrir.
Impresiona la elegante escalera de mármol por la que se accede al vestíbulo y lo que eran los salones de recepción. Al recorrerlo, y leer un poco de su historia, se puede vislumbrar como se vivía en esa época.
Al vender la propiedad al Estado, la familia Taranco donó todas las obras de arte en su interior y exterior, con la condición de que se plasmara allí un museo, que finalmente se inauguró en 1972. En el acervo hay pinturas de Ribera, Ghirlandaio, Teniers, Velázquez, Van Mierevelt y esculturas de Bouchard, Landowski , Vermare y Benlliure, entre tantos otros artistas.







