En el marco del Ciclo de Conferencias de Casas y Más, el influyente empresario en Real Estate Nicolas Rienzi, fundador y director en Grupo Hughes & Rienzi, expuso su enfoque en el desarrollo de proyectos inmobiliarios de alta calidad y la habilidad para identificar oportunidades de inversión.
Hughes & Rienzi ha superado los 60.000 metros cuadrados construidos y liderado el desarrollo en la zona de Carrasco Este, con proyectos emblemáticos como Laq, Angra, Duet Vilago y Puerto Madero, que se distinguen por su ubicación privilegiada, diseño cuidadoso y detalles exquisitos.
Como director del Grupo Hughes & Rienzi, Nicolás ha sido un pilar fundamental en la consolidación de la empresa como pionera y líder en la industria. Su compromiso con la excelencia y la innovación ha llevado a la firma a nuevas alturas, combinando la confianza de siempre en la compra y venta de propiedades con la visión fresca y dinámica de una empresa joven y progresista.
“Me crié en una casa con papá arquitecto, mamá que siempre fue su mano derecha y apoyo, y dos hermanas, Lucía y Sofía, y los temas de arquitectura siempre estuvieron presentes. Me acuerdo desde bien chico ir a las obras a acompañar a papá. Incluso nos pasó más de una vez que papá terminara una casa, mudarnos, y al poco tiempo la vendía para después hacer otra”, recordó Nicolás sobre sus primeras experiencias con el mundo del Real Estate.
“Increíblemente ninguno de los tres hijos estudió arquitectura, si bien nos encanta la arquitectura creo que le quisimos sacar el cuerpo a las cosas complicadas que tiene la construcción. Yo en particular terminé el bachillerato y decidí estudiar para Contador. No tanto por un tema vocacional, ya que no me veía ejerciendo, sino que lo veía como una base para el día de mañana tener cualquier emprendimiento. Siempre tenía ese bichito de tener algo propio, pero no sabía qué podía ser. En casa la cultura del trabajo y el sacrificio nos la impusieron desde chicos a mis hermanas y a mí”, prosiguió frente a una sala colmada en el Sofitel Montevideo.
“A mí además me gustaba tener mi propia plata y no depender de lo que me pudieran dar mis padres, así que desde chico cortaba el pasto, hice de mozo en el restaurante de una tía en verano, ensobré facturas en Movicom, un poco de todo. Entré a facultad y cuando estaba en segundo año, a un amigo le piden que mande un CV para entrar al Banco Itaú en la parte del Clearing. Mi amigo prefirió no empezar a trabajar tan temprano en la carrera, pero yo me tiré de cabeza, mandé CV y quedé. Entrar a un banco en ese momento era lo mejor que te podía pasar, tenías un buen sueldo, aprendías y tenías ciertas posibilidades de crecer. Entré en Clearing de la noche así que iba a facultad de mañana, de tarde estudiaba y de tardecita me iba al banco hasta la noche tarde”.
“Las crisis generan oportunidades”
Me involucro con el mundo inmobiliario un poco porque, como dice el dicho, las crisis generan oportunidades, Llega el año 2002, crisis brutal en el país, la economía hecha pedazos, y ni que hablar el sector de la construcción, nadie en ese momento te llamaba para hacerse una casa, ni una reforma. Y bueno ahí había que inventar algo para sobrevivir, me acuerdo que papá manejó varias ideas en aquel momento. Entonces un día domingo al mediodía estábamos en un almuerzo familiar charlando y una cosa llevó a la otra, papá viendo cómo generar trabajo, porque no podía depender de nuevos clientes, yo comentando que tenía unos ahorros, un primo mío también, y surge la idea de buscar un terreno, hacer una casita y venderla. Papá y mamá enseguida se entusiasman y van a ver un terreno en Carrasco Country, en Avda. de las Américas pasando el Parque Roosevelt. La idea era hacer una casa como las que había en Carrasco Country en ese momento.
Estando allí, mamá se sube a una caseta de material que había en el terreno y ve que hay tremenda vista al lago, y en ese momento le propone a papá hacer algo en altura para aprovechar esas vistas. Surge entonces la idea de hacer un pequeño edificio y el desafío pasa a ser mucho mayor porque para empezar se necesitaba mucho más capital. Papá arma el proyecto y salimos a buscar ese capital.
Muchos en su momento pensaron que estábamos locos, porque la zona era lejana, no habían edificios, estábamos cerca del aeropuerto, el ruido de los aviones, de todo un poco.
Pero mis padres estaban convencidos de su idea: un bloque de 3 pisos con 6 apartamentos en total. Papá los proyectó con estufa leña y parrillero, que era una novedad para la época.
Se habían percatado que no había en Carrasco y aledaños un producto así: apartamentos medianos, ideales para gente joven que se casaba y podía quedarse a vivir cerca de la casa de sus padres, sus amigos. Hasta ese momento la única opción para esas parejas era irse a vivir a un apartamento en Pocitos.
Me acuerdo que armamos unas carpetitas bien básicas, no existían los renders en ese momento, era un dibujo del edificio a mano alzada y unas plantas de los apartamentos, que estaban muy buenas, porque papá siempre proyectó apartamentos con muy buena distribución. Con esas carpetitas empezamos a llamar a familiares y amigos cercanos, con la idea de invertir pequeñas cantidades, tipo USD 5.000 o USD 10.000. Los apartamentos costaban USD 70.000 en esa época, entonces uno solo podía tener un montón de pequeños inversores: abuelas, amigos, compañeros del banco, una mezcla.
Empezamos con 3 apartamentos colocados y por suerte a mitad de la obra apareció un comprador y compró dos más. Eso fue muy importante para nosotros. No solo por lo económico, sobre todo porque nos validaba el producto. Era la primera persona externa que se decidía a comprar apartamentos para los hijos, validando la idea que habíamos tenido de la gente joven. En ese momento empezamos a soñar con comprar el terreno de al lado y replicar el modelo con otro pequeño edificio.




Socios y amigos
Yo trabajaba en el banco en ese momento y en el escritorio de al lado trabajaba Fito (Adolfo Hughes), hoy mi socio. Entonces al compartir tanto tiempo del día, yo le iba contando lo que estábamos haciendo, en la aventura que nos habíamos embarcado.El empezó a interiorizarse en el tema y como le gustan los números y a mí me gusta más la parte comercial, de manera casi natural salió la idea de asociarnos. Yo creía que podía ser un socio ideal por su capacidad y porque nos complementamos muy bien. Así que cuando quisimos acordar creamos en aquel momento lo que era Hughes y Rienzi proyectos inmobiliarios.
Me acuerdo que como los dos trabajábamos en el banco, nos juntábamos después del horario y los fines de semana. Con la asociación con Fito, le dimos una mayor estructura al tema, las carpetitas dejaron de ser tan artesanales, incorporamos conceptos de flujos de fondos, TIR, entre otras cosas.
El segundo bloque fue un éxito y ya lo que parecía una locura empezó a convertirse en realidad. Nos empezaron a llamar compradores directos, entusiasmados con las buenas plantas, las vistas al lago, el parrillero y la estufa a leña fueron un gol. Así construimos 5 bloques de lo que fue Terrazas del Lago.
En el quinto edificio de Terrazas del Lago, como siempre necesitábamos los fondos para comprar el terreno. Entonces convencimos al padre de una amiga de Fito, para que nos comprara dos apartamentos, pero tenía que poner toda la plata de los apartamentos contado para que nosotros pudiéramos comprar el terreno. Me acuerdo hasta el día de hoy que su escribana le decía que estaba loco, que no le recomendaba para nada hacer ese negocio, porque en definitiva nos estaba entregando toda la plata a cambio de aire. Por suerte el inversor confió en su instinto, no le hizo caso a su escribana y compró los aptos. Hoy sigue siendo un inversor y es además coordinador general en el estudio.
Otra anécdota fue cuando compramos la casona de Sáez donde están nuestras oficinas. Nosotros alquilábamos una oficina en Saéz de 40m2 y de a poquito empezamos a necesitar más espacio. Mamá se enteró que la casona de al lado se vendía, una casona espectacular, típico chalet antiguo de Carrasco. Y pensó que era la casa ideal para hacer oficinas y mudarnos para ahí. Enseguida que se enteró pasó una oferta, el tema fue la cara de Fito cuando se enteró porque conocía nuestros números y sabía que no teníamos ni cerca la plata para afrontar esa compra. Pero bueno, otra vez había que ingeniárselas para hacer algo sin plata. Hablamos con el dueño de la casa, le dijimos que queríamos comprarle la casa pero que no teníamos los fondos, y le preguntamos si podíamos hacer un proyecto de oficinas e irlas vendiendo en pozo con los planos y que a medida que la fuéramos vendiendo la íbamos pagando. El dueño de la casona confió en nosotros, aceptó la propuesta y así fue como al tiempo nos estábamos mudando a un lugar que inicialmente parecía una utopía.
Pioneros en Avenida de las Américas y nacimiento de Carrasco Este
Después de ese primer proyecto que fue Terrazas del Lago, sabíamos que teníamos que profesionalizarnos para jugar en las grandes ligas. Si queríamos aspirar a construir proyectos de mayor escala, lo primero que teníamos que hacer era conseguir un grupo inversor que nos diera ese respaldo financiero que necesitábamos. Y conseguir un buen terreno donde llevar a cabo el proyecto.
Por suerte luego de algún proyecto frustrado (porque en el camino siempre hay proyectos frustrados) conseguimos las dos cosas, el grupo inversor y el terreno que a la postre sería donde hicimos Rincón del Lago. Seguimos apostando a Avda. de las Américas, porque veíamos que la ciudad tenía todo para desplazarse hacia el Este. Y Rincón del Lago tiene un fondo espectacular hacia el lago. Eran 6.000 m2 de terreno que para nosotros era enorme, algo demasiado ambicioso. Por eso le pedimos a los dueños que nos vendieran la mitad. Pero no accedieron. Por suerte no nos achicamos y con el apoyo del grupo inversor, pudimos afrontar la compra del total y Rincón del Lago terminó siendo una realidad. Casi sin darnos cuenta estábamos impulsando una nueva zona que a la larga se terminó llamando Carrasco Este. Después vinieron proyectos como Areia, El Muelle, Las Condes, Vilago y Angra. Cada uno más lindo que el otro y de esa forma fuimos consolidando la zona.
Mis amigos me joroban y me dicen que a Avenida de las Américas hay que cambiarle el nombre y ponerle Avenida Omar Rienzi.
“Hacer que las cosas pasen”
¿Cuáles fueron los pilares del éxito? Estar convencido de una idea y jugársela es parte fundamental. Cuando crees en algo arriesgar, esforzarte, ser tenaz, empujar para sacar las cosas adelante, como dice el dicho “hacer que las cosas pasen”.
En el caso del Grupo Hughes y Rienzi, además de eso, yo creo que el éxito está en hacer apartamentos en los cuales nosotros viviríamos. Buscar buenas ubicaciones y después hacer lindas plantas, buenas terminaciones, excelentes fachadas, buen paisajismo. Que nos guste lo que hacemos porque a la larga después es más fácil de vender. Tratamos siempre de ir mejorando en cada proyecto, dejar la vara alta para el siguiente, sobre todo ponerle mucho amor y dedicación, estar atentos a todos los detalles.
La gente que nos compra por lo general es muy exigente y nosotros sentimos que tenemos que estar a la altura de esas exigencias. Además en este mercado tan chico, la mejor publicidad es el boca a boca, termina comprando alguien porque un familiar o un amigo compró antes y les habló bien de nuestros apartamentos.
Otra cosa importante que creo que nos ha servido mucho es la sinergia entre la inmobiliaria y el estudio de arquitectura. La inmobiliaria escucha al cliente, las cosas buenas, las sugerencias y las críticas y todo eso se lo transmitimos a papá y al resto del equipo del estudio para ir mejorando siempre.
Otro punto es tener un grupo de inversores como tenemos que nos dan libertades, confían en nosotros, en nuestra forma de hacer las cosas y nos dan una gran tranquilidad siempre acompañando en las cosas nuevas que les presentamos. Y por último y para nada menos importante, es el equipo que tenemos que es espectacular, todos comprometidos, como decimos acá con la camiseta puesta, donde todos hacemos de todo para sacar las cosas adelante. En eso no hay secretos, si todos los del equipo tiramos para adelante y estamos comprometidos, las cosas salen y eso es lo que pasa en el día a día.
Trabajamos los 5, mis padres, mi hermana Sofía la menor que trabaja desde 2009 y mi hermana Lucía, que vivía en Chile hasta 2020, y que por suerte la pudimos repatriar después de 20 años y son dos pilares hoy. La verdad que disfrutamos trabajando en familia, a mí me parece una bendición, hace que nos veamos a diario, somos muy unidos y nos permite compartir mucho en el día a día, te diría que es de las cosas que más disfruto, trabajar en familia.
Presente y futuro
Hoy por suerte estamos con muchos proyectos. Estamos terminando Vilago y Parque Madero, en breve entregaremos las últimas etapas de ambos proyectos.
Además estamos construyendo LAQ, un proyecto muy lindo en Parque Miramar, sobre Secco ILLA sobre el algo grande del Parque, y acabamos de empezar las obras de ANGRA, sobre Avda. de las Américas con costa al lago la caleta y DUET, un proyecto muy lindo de dos bloques bajos en PARQUES 2, la zona de los barrios semi privados de Carrasco Norte. Y sobre fin de año empezamos QUO, que es sobre Avda. La Playa.
A futuro estamos muy entusiasmados con un nuevo proyecto que estamos empezando a armar que se va a llamar La Candelaria. Se trata de un barrio privado que vamos a desarrollar asociados con el estudio de Butler-Zambrano, donde era el CECADE, en los barrios semi privados de Carrasco Norte. Estamos entusiasmados porque es la primera vez que vamos a hacer un barrio de cero, todas las calles, la infraestructura, saneamiento, iluminación y todo lo que implica. La idea es hacer 46 casas de 2 a 2 en propiedad horizontal todas con fachadas distintas y distintas tipologías. El proyecto va a quedar espectacular, muy innovador y en unos meses la idea es lanzarlo al mercado.
Luego de 20 años en el sector volvería a tomar la misma decisión. Me encanta lo que hago, me pasa que todos los días son distintos, siempre con desafíos, nunca quedarse quieto. Y sobre todo la parte que más me gusta de los desarrollos inmobiliarios es que te permiten cambiar un pedacito de la ciudad, construís y dejas un legado, es algo que se ve y que el día de mañana pueden pasar tus hijos o tus nietos por ahí y decir orgullosos que tal obra la hizo su familia”.